Cariño, adoración,
dependencia, admiración, necesidad, costumbre, afecto, apego, ternura, afición,
pasión, predilección, querer… todas estas palabras se reducen a una sola… AMOR.
A todos los seres humanos nos llega un momento en la vida
en el que sin darnos cuenta como, ni por qué razón arribamos al lugar al que
todos estamos destinados a llegar.
Un día conoces a alguien, es indiferente para ti, comparten
cosas, lo percibes, te das cuenta que tienen muchas cosas en común, charlan
profundamente, se ríen, confías en él, juegan, y entonces, comienzas a verlo de
otra manera, casi sin darte cuenta, pero consciente de lo que haces (tal vez
con ganas de hacerlo), lo sientes, lo extrañas, te hierve la sangre de pensar
que puede ver otras personas, lo quieres, te enamoras.
Descubres que ese alguien siente lo mismo, sus
conversaciones cambian de sentido, sabes que nunca más su relación volverá a
ser la misma, caminan juntos, sus manos se unen y sus corazones se vuelven uno.
Estás en la mitad del camino, mismo que no recorrerás solo,
tal vez nunca más, o tal vez solamente por un periodo, a estas alturas
probablemente aparecerán senderos nuevos y atajos para llegar a nuestro
destino, los besos, los abrazos, las caricias; pero también habrá callejones
sin salida, que de caer en ellos, será difícil el regreso, más no imposible,
las peleas, los gritos, los enojos, los celos (benditos/malditos celos).
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