08 noviembre 2012

A tu salud.


Y en esta hora tan obscura y en medio de la soledad demoníaca que me aqueja, quiero hacer un brindis:
Brindemos, querido. Brindemos porque jamás sabrás cuántas veces te extraño en cada bocanada de mi cigarro, porque ni todo el alcohol del mundo me ayudará para ahogarte en él.
Brindemos por todas aquellas noches en las que tu alma acompañó unas cien mil horas mías, por todas aquellas noches que pasamos sin estar, por todos aquellos “te amo” que nos dijimos sin mirar, por todas esas veces que nos sentimos sin hablar.

Brindemos por un amor atemporal, que fue capaz de transformarlo todo. Por un amor que traspasó fronteras, descuartizó tiempos, desmembró barreras. Un amor tan fuerte que rompió más de un corazón.

Brindemos, mi amor. Por todos esos años que nunca tuvimos juntos. Esos años que dejamos escapar por miedo a ambos, a lo nuestro, a sufrir.
Brindemos por tantas veces que fundimos en un horizonte al cielo y al mar en compases sicalípticos, rítmicos y perfectos. Por todas esas veces que sin ningún pudor me hiciste tuya e incluso por esa vez que, con un poco de miedo, nos hicimos nuestros.

Brindemos, corazón. Brindemos por cada una de esas peleas que cumplían con un propósito que nadie nunca creyó capaz: acercarnos (un poco, poquito) más. Por tus palabras hirientes que (a veces) me encantaban, por mis acciones distantes que tanto te gustaban.

Brindemos hoy, amor de mi vida, porque esto ha terminado y entonces, todos los demás nos servirán tan solo para olvidar(nos).

No hay comentarios:

Publicar un comentario