-Quédate tranquila.- esas fueron tus palabras.
¿Quedarme tranquila?, lo meditaba en mi cabeza, esa simple sugerencia me hacía
sentir aún más inquieta. –Y ¿Es que tu no entiendes que soy mujer?, quería
decirte, eso y muchas otras cosas más, pero para que explicar cosas que ya
estaban dichas antes, te dejé colgar. Yo quería, yo quiero, que tú te des
cuenta de las cosas cuando las digo, y si no las digo también. ¡JODER! ¿Es tan
complicado que entiendas que aunque no derrame miel por mis poros, como lo
hacen otras estúpidas enamoradas al estar frente a su amado, no quiere decir
que a mi no me gustan los detalles? No es sólo una cuenta en una red social,
tampoco lo es una foto juntos en el display de una página de chat, ni mensajes
de texto llenos de cursilerías. ¡CARAJO! ¿Es tan difícil entender que quiera
sentirte orgulloso y con ganas de presumirle al mundo que yo soy tu mujer, así
como yo grito a los cuatro vientos que tu eres mi hombre.
No, no es tan difícil. Y no, no puedo quedarme tranquila.
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