I
insomne, colorida y habitable.
Ánfora con saliva de violetas,
colibríes, vertientes imaginarias: tu boca.
Ranura sacramental y mariana
donde levantando las parvadas de mis pechos,
religo el dedo índice que me unió a Dios Padre.
Tu boca en salvajes y silvestres,
en espliegos, jacintos y senderos,
y una crisis hambrienta, producida
en la catástrofe de mis territorios.
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