14 febrero 2013

Es capicúa.


Eran las 11:00 de la mañana, desperté y pensé que seguramente él seguiría durmiendo, aferrándome a conciliar el sueño nuevamente deseaba que el tiempo fuese un poco más de prisa para que se llegara la hora de escuchar su voz, ¿Y si lo llamo?, pensé, pero sabía que si continuaba en sus sueños no me respondería y, entonces, yo entraría en pánico y empezarían a venirse mil ideas a mi mente, revisé el reloj nuevamente, 11:01 ¡Joder!, había transcurrido apenas un minuto y yo no podía regresar a los brazos de Morfeo, apreté los ojos como un niño cuando tiene miedo y desea quedarse dormido para que el monstruo bajo su cama no lo devore, nuevamente no lo logré, revisé el reloj, y para mi sorpresa había pasado un largo minuto de nuevo, 11:02 y mi mente no se quedaba en blanco, al contrario me comenzaron a llegar todos los recuerdos habidos y por haber, 11:03 y yo seguía sin poder aquietar a mi cerebro, ¡No pienses en nada!, decía para mis adentros, contradiciendo con esto mi propia indicación, las 11:04 se llegaron y para mi parecía que habían transcurrido horas desde la primera vez que revisé el reloj,  las 11:05 aparecieron, orgullosas, pavoneándose ante mí, casi burlándose de mi imposibilidad de pernoctarme, desee con todas mis ganas lograrlo y cuando empecé a idear un plan el reloj ya marcaba las 11:06, casi lo tenía listo y ya eran las 11:07, me sentí dispuesta a llevar a cabo aquella majestuosa idea que se me acababa de ocurrir, por lo que a las 11:08 busqué la posición que me hiciera sentir más cómoda, respire profundamente y cerré los ojos, ya eran las 11:09 y estaba comenzando a darme por vencida cuando a las 11:10 empecé a sentir esa calma que te llega cuando cuerpo y mente se desconectan, y efectivamente, lo estaba logrando, estaba ganando la batalla y llegando a mi meta cuando, de pronto, suena el teléfono, lo primero que veo es el reloj, 11:11, lo segundo su nombre en la pantalla, contesto, escuché su grave voz y respiré aliviada. Desde entonces me fascinan las capicúas.


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